Sartre, su encuentro con Paul Nizan. Su importancia.
A
la muerte de su padre, Jean Baptiste Sartre, Jean-Paul tenía tan sólo 15 meses
de edad, su madre, Anne-Marie Schweitzer tomó la decisión de regresar a vivir
con sus padres, Charles Schweitzer y Louise Guillemin, en donde el pequeño es “la
maravilla” de su abuelo, siendo mimado por éste y su madre.
En
octubre de 1915 (tenía diez años y tres meses, recuerda con exactitud) se le
inscribe en el instituto Henri IV, donde por fin termina haciendo amigos. Su descripción
de la experiencia de la vida en común con sus condiscípulos deja poco lugar a
los equívocos:
“Hombre
entre los hombres corríamos gritando por la plaza del Panteón, era un momento
de profunda felicidad; me desprendía de la comedia de la familia; lejos de
tener la intención de brillar, me veía como un eco, repetía las consignas y los
chistes, callaba, obedecía, imitaba los gestos de mis compañeros; mi única
pasión era integrarme”.
Liceo Henri IV
Dos
años después, en 1917, Anne-Marie consigue la tutela de su hijo y se vuelve a
casar con Josep Mancy, ingeniero de la Armada y compañero de curso de su
anterior marido, con quien Sartre no tendría una buena relación. El nuevo matrimonio
se traslada a vivir a La Rochelle y Sartre ingresa, en septiembre de ese mismo
año, en el liceo de la localidad, donde pronto destaca por su peculiar
combinación de elegancia, endeblez y altanería. Tal vez como consecuencia de
que las relaciones con su padrastro no son en absoluto buenas, nos encontramos
ahora con un chico algo distinto al que dejamos dos años atrás, recién
ingresado en el Henri IV. Sus compañeros
de clase de estos años lo describen como agresivo, colérico, peleón y
desagradable con los demás.
En
1921, ya adolescente, regresa a París y se reincorpora al Henri IV. Allí traba
estrecha amistad con el malogrado filósofo Paul Nizan. Reforzado por la
complicidad y la camaradería de este, Sartre recupera la seguridad en sí mismo,
forjándose en pocos meses una personalidad aplastante. Juntos preparan, ya en
el liceo Louis-le-Grand, su ingreso en la prestigiosa y selecta École Nórmale
Supérieure, ingreso que se producirá tres años después, en 1924. Allí coinciden
ambos con figuras de la talla de Raymond Aron o Georges Canguilhem. Sartre se ha
referido siempre a esos años como fundamentales en su vida y en su formación.
Liceo Louis-le -Grand
Escuela Normal Superior, París.
Su
estrecha amistad con Nizan — habían acabado llamándose «Nitre» y «Sarzan»,
cruzando sus apellidos— se enfría mientras que se afianza la iniciada con Aron,
con quien comparte lecturas e intensas discusiones filosóficas.
Estos
años escolares fueron años felices: "En la escuela yo era todo: yo era el
futuro, todo Sócrates…”
Fuente: Amo, luego existo. Manuel Cruz.
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